jueves, 20 de julio de 2017

El bosque del Lobo

Director: Pedro Olea
Actores: José Luis López Vázquez, Alfredo Mayo, Amparo Soler Leal, Antonio Casas
Género: Drama
Duración: 87 min
Año: 1970
País: España


Argumento

Benito Freire es un buhonero que recorre los caminos boscosos que van de un pueblo a otro de una Galicia de mediados del siglo XIX.
Benito es solitario, educado aunque tosco, pero guarda un secreto terrible... Acarrea consigo lo que se llamaba un "aojamiento", una maldición.
En sus idas y venidas de un pueblo a otro, acarreando telas, estampas de santos, velas y escapularios de la gran ciudad, hacia las zonas rurales, en algunas ocasiones, acompaña a crédulas mujeres en el trayecto del mismo que desean mejorar su vida y probar fortuna en casas de ricos terratenientes en otros lugares. Pero, a mitad del camino, algo transforma al apacible y piadoso buhonero en una bestia que asesina sin piedad a quien ose caminar a su lado por los recónditos rincones de los bosques gallegos, envuelta su maldad por su apariencia afable, por la lluvia y la bruma del bosque, donde nadie puede escuchar los gritos de las infortunadas...

Crítica

Hacía muchos años que la vi, tantos, que tan sólo recordaba una escena de uno de los asesinatos, por lo tanto, he vuelto a visionar esta pieza que, sinceramente, me ha sorprendido mucho y para bien.
Quiero aclarar, que no es una película en la que traten el tema de la licantropía desde el punto de vista fantástico, más bien al contrario, lo enfocan desde el lado racional, el de la superstición de una España profunda, temerosa de Dios y del Diablo, con mayúsculas ambos, pues la fe es tan fuerte como el miedo al maligno.
Que nadie espere transformaciones de ningún tipo más allá de las gesticulaciones de José Luis lópez Vázquez, ni efectos especiales, ni tan siquiera una sola gota de sangre, pero su atmósfera te atrapa,te va enganchando y encerrando poco a poco en esos caminos flanqueados por frondosa vegetación, cómplice muda de las maldades de Benito, te resulta serena en unos momentos, la soledad del personaje, cuando despierta en medio del bosque y sabe qué camino tomar, con las estrellas por techo y la niebla por compañera de almohada.
Sensacional López Vázquez en un papel dramático que demuestra para el que no lo sepa, si es que aún queda alguno, que era un actor total, de primera fila, capaz de hacerte sentir lástima por él o repulsión, según vas descubriendo la podredumbre interior del personaje, que miente, roba y hace lo que haga falta por no ser descubierto en su maldad, maldad de la que en ocasiones recela y sufre por ella,víctima de la locura o de la sinrazón de la incultura.

Paisajes gallegos cerrados, pueblos casi trogloditas, personajes sucios y bajos y sobretodo, la muestra de una España decimonónica rural retratada como un fresco, ayuda, sobremanera, el estar introducida por esa voz en off que al principio y al final de la película, nos la abre y cierra la historia con el soniquete habitual de un trovador, así como la forma de hablar de los personajes que, sin hacerlo en verso, te transportan con su lenguaje propio del tiempo y la zona a ese mediados del siglo XIX

Sin duda, una pieza a recuperar por los cinéfilos del cine de calidad. abstenerse palomiteros que quieran historias de hombres lobo en vena... aquí no hay hombres lobo, hay lobishomne, aojados, meigas, santa compaña, superstición...

Última claqueta

La historia cuenta un hecho real muy bien documentado que ocurrió en la Galicia de mediados del siglo XIX, concretamente, los crímenes cometidos por Manuel Blanco Romasanta, el primer asesino en serie español contra el que se realizó un proceso por licantropía... así... como suena.

Romasanta haciendo uso del perfil de hombre piadoso y católico donde los haya, asesinó, según se cuenta a numerosas mujeres.
Cuando fue detenido, casi por casualidad, confesó los crímenes de los que era acusado y doce más, así como que en sus correrías era acompañado por otros dos hombres lobo, como él, que eran víctimas de maldiciones por las cuales, se transformaban el lobos y, perdiendo todo control sobre sí mismos, asesinaban y deboraban, unas veces juntos, otras por separado, a cuantos desdichados se cruzaban en su camino.
Romasanta basó su defensa en que era un lobishomne, dando detalles de los asesinatos e incluso llevando a la justicia a los lugares en los que los cometió, encontrándose restos humanos en ellos.
Fue condenado a morir en garrote, pero la sentencia no fue llevada a término, pues una orden superior, detuvo el proceso y conmutó la pena capital en cadena perpétua.
Se tiene constancia de que Manuel Blanco Romasanta, ingresó el prisión, pero... no costa que saliera de ella ni vivo ni muerto, ningún traslado... nada...
Su leyenda aún es susurrada por el viento entre los árboles del bosque, al acecho de cualquiera que ose adentrarse en los dominos del hombre lobo español.

A muy groso modo, os he contado la historia real y, os aseguro que a poco que investigueis por la red, podreis comprobar que la realidad super a la ficción con creces, pues el caso está muy documentado.
¿Creía Romasanta que era un lobo o fue una estratagema que inventó para que lo tomaran por enfermo mental y poder librarse de la sentencia que sabía le aguardaba?
De un modo u otro, no murió en garrote...


"Benito Freire...mal te veo, buhonero... que no te cuidas como debe hacerlo todo nacido... y más tú, que fuiste aojado cuando rapaz..."

domingo, 16 de julio de 2017

The End: George A. Romero

Se ha ido uno de mis directores preferidos... de los que realmente me hacía pasar miedo, primero, frente al televisor, cuando casi a escondidas, dejaba la tranquilidad de mi dormitorio para acudir a la llamada, como los zombis acuden a los vivos, de aquellos viejos espacios tales como Alucine, en la 2, o Noche de Lobos de Antena 3, posteriormente, en la gran pantalla.
Un hombre, a mi entender, que sabía hacer con pocos medios, grandes películas cargadas de trasfondo y dobles lecturas.
Sólo se me ocurre una manera de homenajear a mi querido George A. Romero... y es elaborando un especial sobre su cine,que irá directo a la sección de Monográficos, repasando su saga más conocida.
Gracias, amigo George, gracias por tanto terror del bueno... Descansa en paz...

lunes, 12 de junio de 2017

Caballero...



Que a uno lo traten de usted, no tiene nada malo, a mí, personalmente,me es indiferente.
Pero pensad un instante, recordad aquella vez en que alguien os llamó "caballero" y no os sentó bien...¿por qué?
Llamar a alguien "caballero" es una manera muy formal de tratar a una persona, incluso, a mi modo de ver, por encima de la palabra "señor". 
En mi deambular por los diferentes comercios de mi país, lugares en los que dicha palabra se ha convertido en algo así como una especie de mantra que se repite sin cesar por todos los dependientes, me han llamado caballero muchas veces y en varias de esas ocasiones... no me ha gustado. ¿Por qué?
Os contaré el último caso:

Entré a un centro comercial que tiene un gimnasio en su interior, cuyo horario es radicalmente diferente al resto de comercios, que ya habían cerrado. Cabe destacar que accedí a dicho centro comercial por la puerta exterior que pegaba a unos cincuenta metros de la entrada del gimnasio, cuando desde lejos, escuché una voz aspera que me gritó:

-¡¡CABALLERO!! AQUÍ NO SE PUEDE ESTAR YA ¿EH?

Era el portero que se dirigía hacia mí con paso firme y decidido... cuando me quise dar cuenta, ya le había respondido  con la misma intensidad y tono que él utilizó conmigo:

- ¿CÓMO DICE, CABALLERO?

Sé lo que le hizo recapacitar... el tono que puse al decir esa palabra mágica, que bien usada, sirve para irritar al contrario sin que se pueda defender, porque en el colmo del cinismo, podemos decir que estamos siendo educados...¡¡MENTIRA!!

Lo que me irritó fue el tono de desprecio al llamarme "caballero", de tal forma, que una palabra formal pierde su sentido para transformarse en una especie de insulto encubierto, o algo así.
Si en aquella frase sustituyo "Caballero" por "Tú, gilipollas. Aquí no se puede estar ya ¿Eh?", hubiera sonado igual.
Desde entonces, he observado mucho los diferentes "caballero" que han usado para dirigirse a mí y he llegado a la misma conclusión: no es la palabra, sino la entonación lo que me indica cuándo ese "caballero" es real y cuando es en tono de reporche, desprecio o vaya usted a saber...

Decidí volver a probar y repartir ese brebaje...  lo cierto es que no tuve que esperar mucho.

En una fila única de un supermercado de ámbito nacional, no diré el nombre, por supuesto, la cajera, de no más de 24 ó 25 años, al ver que yo estaba distraído leyendo los titulares de prensa que se encontraban a mi lado, requirió mi atención con ese tono del que ya hemos hablado:

- ¡Caballero! Pase por aquí...

Pasó los pocos artículos que llevaba por caja y me dijo el total a abonar, momento en el que le pedí una bolsa con el tono más amable que pude usar:

- Señora, por favor, ¿Podría darme una bolsa?

Creo que si la hubiera insultado abiertamente, no le habría sentado peor. Me miró de arriba abajo y me dio la bolsa (añadido el precio de la misma a mi cuenta, por supuesto) arrojándola con desgana sobre el mostrador, con clara ira contenida en su mirada...
Introduje los artículos en la misma y, para agradecerle el gesto de "amabilidad" al proporcionarme dicha bolsa, me despedí de ella lo más amablemente que supe:

- Gracias, señora, es usted muy amable...
 

Así que, sin duda, esa falsa formalidad que hoy en día recorre esas cortas pero intensas conversaciones entre clientes y dependientes de los comercios, es la culpable de que os siente mal cuando os llaman "caballero" o "señora".

Os mostraré lo mismo pero a la inversa.

Recordad esa conversación entre colegas, compañeros de trabajo en tono distendido y que además nos caen estupendamente, en que se nos dice cualquier taco, poned el que queráis, cuando acabamos de soltar una burrada de campeonato.
"... pero que cabrón eres" por ejemplo.

No sólo no nos sienta mal, sino que además, refuerza el grado de complicidad entre esa persona y tú.
De nuevo la entonación marca la diferencia.


"Disculpen que les llame caballeros, pero aún no les conozco bien"
Groucho Marx 


miércoles, 24 de mayo de 2017

The End: Roger Moore

Entre 1973 y 1985, Roger Moore interpretó siete películas de nuestro querido 007.
Ayer nos dejó uno de los galanes del cine a los 89 años quien también será recordado por El Santo y Los Persuasores.
Descansa en paz 007...

martes, 9 de mayo de 2017

VIEJOS CACHARROS: XI CONCENTRACIÓN SEAT 600 DE CÓRDOBA 2017





















Los vehículos clásicos están de moda, una moda a la que series como Cuentame, han ayudado a fomentar en los últimos tiempos.
Lo que hoy es algo curioso para unos, esas máquinas de una época lejana en la que la gasolina era normal o súper, para otros es pura pasión.
Pero ¿cómo explicar lo que sentimos por esos viejos cacharros?
Son más incómodos, lentos y ruidosos que los de hoy, y sin embargo, estoy por apostar que a muchos de los que poseen un clásico, le dan a elegir entre su vehículo de diario o su verdadero coche, porque no lo dudemos, el clásico es el verdadero coche de los que sienten esa pasión, y se quedan con el clásico.
Intentaré daros mi explicación, luego cada cual, tendrá la propia, pero aquí tenéis la mía...

Los coches de hoy, me refiero a los que vemos por las carreteras y calles de nuestra ciudad, no a coches de súper lujo o mega deportivos, se me antojan iguales en sus formas. Claro es, que ello atiende a factores a los que hoy en día es imposible renunciar, como el coeficiente de penetración o la seguridad, por supuesto, con las ventajas que todos sabemos. Los clásicos populares, término más correcto para denominar a esos viejos vehículos que nos transportaban en nuestra niñez y juventud, gozan de formas únicas según modelo, incluso dentro de la misma marca, lo cual, les confiere una personalidad propia y, como decía Samuel L. Jackson en Pulp Fiction: "La personalidad cuenta".

Otro factor que me resulta atractivo de aquellos cacharros es el sonido de su motor.
De niño, cuando volvía del colegio con un compañero de clase que vivía por mi misma calle, a veces jugábamos a adivinar qué coche era el que se acercaba por detrás de nosotros (lógicamente, íbamos por la acera). A los que no están familiarizados con este mundillo, os puedo asegurar que no era lo mismo escuchar el sonido del motor de un 2CV que de un 850. Mención a parte, el rugir de aquellas bestias como era el Seat 1430, te hacía subir la adrenalina a la misma velocidad que las revoluciones del motor.

Otro aspecto...el olor de cada coche. Los Seat olían a Seat, los Renault tenían su aroma propio, cuando entrabas al habitáculo.

Y para finalizar este pequeño repaso, un aspecto que hoy en día nos cuesta bien el dinero: cualquiera podía cambiarle una bombilla fundida a un coche sin tener que desmontar medio vehículo. estaban hechos no sólo para durar, también para que se le pudieran hacer labores de mantenimiento sencillas con unos conocimientos básicos del automóvil. 
Levantabas el capó de uno de ellos y podías distinguir el carburador, la bomba de agua, incluso la botella del limpia parabrisas. Hoy levanto el capó de un coche y en qué me veo de distiguir el tapón de llenado de aceite...

De aquella época, perviven muchos modelos cuyos dueños, algunos, forman parte de algún club de clásicos y realizan concentraciones en las que muestran con orgullo sus máquinas del tiempo, tan impolutas como cada cual se pueda permitir.
He acudido a varias concentraciones y no os puedo describir con palabras la sensación que sentimos los que compartimos esta afición, pero sí os puedo resumir en una sola palabra la expresión de los que por curiosidad, se acercan a los vehículos: asombro.
Un asombro que en ocasiones encierra nostalgia y lejanos recuerdos de juventud, de niñez y comienzan las anécdotas de aquellas vacaciones por una España ya de color sepia, por el tiempo.
Poseer un coche de estas características es tener un trozo de la historia de la automoción de tu país y de tu historia propia hecha tangible, de recuerdos materializados.

Los clubs de clásicos mantienen viva esta afición y en sus concentraciones, además de lucir sus coches, muestran la riqueza cultural de su ciudad o pueblo.

El Club del Seat 600 de Córdoba organiza la que sería su XI concentración, en un año en que se celebra no sólo el 60 aniversario del Seat 600, sino también, el 20 aniversario de dicho club.
Allí nos reuniremos los días 3 y 4 de junio del presente año, y el corazón de nuestros queridos seillas rugirá de nuevo para deleite del que desee acercarse aunque sólo sea para pasar el rato. 

Para finalizar, os contaré una anécdota del Seat 600, pero no penséis que es una batallita de vacaciones, o de aquel viaje perdido en el tiempo... No... Es una historia de hoy en día, actual...
Me ha pasado en varias ocasiones...

Cuando voy con mi Seat 600, es normal que al detenerme en un semáforo en rojo, las personas de más edad miren al coche y hagan comentarios esbozando una sonrisa, hasta ahí, normal...
Pero cuando el que se queda embobado es un niño de corta edad, que no sabe lo que es un 600 ni se lo han podido explicar y le dice a su madre: "mamá... mira que cochecito"... esto te hace pensar...
Que tal vez no estemos tan locos en nuestro delirio por estas cacharros, que realmente tienen algo, podemos llamarle magia, personalidad, lo que queramos... Son capaces de llamar la atención para alguien que ni los conoció ni siente nostalgia de épocas pasadas.
Tal vez el Seat 600 tenga algo especial, atemporal, mágico...
Para mí y los que piensan como yo, sin duda, lo tiene.

Finalizo este artículo, recomendando unas películas en las que se puede disfrutar de carreras de este tipo de vehículos de los 60 y sobre todo, de los 70, como son las de la saga de "Perros callejeros". Los que no hayan escuchado nunca cómo ruge un Seat 1430... ya estáis tardando...

Si alguien está interesado en la XI CONCENTRACIÖN DEL SEAT 600 DE CÖRDOBA, aquí os dejo el enlace a la página del club:



Saludos a todos los amantes de los clásicos populares y en especial, a los de mi querido SEAT 600