miércoles, 9 de noviembre de 2016

Últimas Adquisiciones II

*Mucha Sangre                      *Bajo aguas tranquilas
*Escalofrío                             *School Killer
*Darkness                              *Escalofrío
*La Monja                              *Romasanta, la caza de la bestia
 *Dagon, la secta del mar
*Faust, la venganza está en la sangre
*Rottweiller
*Beyond Re-Animator
*Arachnid





El mecado de segunda mano es lo que tiene, que encuentras rarezas a precios ridículos.

Capitain Fantastic

Director: Matt Ross
Actores: Viggo Mortensen, George MacKay, Missi Pyle, Frank Langella
Género: Drama/Road Movie
Año: 2016
Duración:  120 min
País :EEUU







Argumento

 Un padre vive con sus hijos aislados del mundo en pleno bosque, viviendo de lo que da la tierra y sin más ayuda que su propio conocimiento y alejados por completo de la civilización, hasta que un día, tras una terrible noticia, deben partir todos hacia la ciudad y enfrentarse a una nueva jungla de tuberías y acero en la que deberán hacer lo que mejor saben para sobrevivir: adaptarse.

Crítica

Qué pocas veces sale uno de la sala de cine con una sonrisa, con la sensación de haber estado viendo algo que de verdad te llena y con bastantes temas para la reflexión.
Vitalidad, originalidad, inteligencia y crítica a partes iguales, unidas al drama, fluyen a borbotones por cada fotograma de esta joya. 
No es que se cuente nada nuevo, lo que pasa es que el guión es fabuloso, los diálogos entre el padre y sus hijos, tratándolos como a adultos a los que les explica las cosas de forma sencilla y directa, son ágiles y brillantes.
Paisajes alucinantes en plena naturaleza que se entremezclan con  su mensaje ecologista, anticapitalista y contrario al consumo superfluo,vacio y sin sentido.
Viggo, como siempre, alucinantemente creíble, los niños igual y la presencia del gran Frank Langella culmina el elenco electoral perfecto. Una road movie sobresaliente.

Última claqueta


Os aseguro que no os va a dejar impasibles, unos dirán que se puede vivir completamente al margen de la sociedad, otros que no estarían dispuestos a renunciar a las comodidades de nuestra vida moderna. por un lado somos esclavos de nuestro entorno, en el que nos encontramos a gusto y del que no queremos renunciar. ¿Serías capaz de desengancharte del móvil, de Internet, de la vida tal y como la conocemos?
¿Es más acertada la elección del personaje que abandona la sociedad consumista en la que vive para seguir su propio camino perdido en la naturaleza? ¿Están en lo cierto esos padres privando de todo contacto con el resto del mundo a sus hijos, apartándolos de esa feroz sociedad que lava su cerebro a diario y que los impulsa a la compra compulsiva para ser felices, una felicidad que jamás alcanzarán porque el deseo del ser humano es insaciable y ellos lo saben?¿Quién tiene razón?

Todas estas preguntas y muchas más, te zarandearán de un lado a otro a lo largo de la película, unas veces estarás de a cuerdo con ellos, otras pensarás que es una locura para de nuevo pensar que sí, que todo es un asco y que a ti también te gustaría escapar...
Pero llega el final de la película... y encuentra justo el equilibrio perfecto entre un extremo y otro, proponiendo que en los tonos grises está la virtud, que ningún extremo es bueno y que para ser feliz, quizá no haya que irse demasiado lejos ni renunciar a nada, sólo saber dosificar lo que necesitas con lo que realmente necesitas, para ser feliz sin perder de vista quién eres, lo que quieres y el mundo que te ha tocado vivir. No hay que romper totalmente con las reglas sociales, en el término medio, está la virtud. En definitiva, aislarse sin aislarse...

Diez sobre diez, sin más.


"Aunque sobrevivan a lo que sea que les estés haciendo, nunca estarán preparados para el mundo real"

lunes, 7 de noviembre de 2016

Blair Wich

Director: Adam Wingar
Actores: James A. McCune, Callie Hernandez, Brandon Scott
Género: Terror
Año: 2016
Duración: 89  min
País : EEUU







Argumento

El hermando de Heather, la chica que desapareció junto a sus dos amigos mientras rodaban un documental en la primera de estas películas, vive obsesionado con la desaparición de su hermana hasta el punto de convencer a sus amigos para que lo acompañen de nuevo al bosque donde desapareció el primer grupo, a raíz de un vídeo colgado en Internet en el que, supuestamente, aparece su hermana. Un tipo con el que ha concertado una cita, le indica dónde encontró las cintas si deja que los acompañe.

Crítica

No voy a extenderme mucho en este apartado, ya que la película es un calco de las situaciones vividas en la primera y más original de las tres, incluso frases, sólo que ahora, hay más personas en el grupo.
No se trata de un remake, sino de una continuación directa de la primera, obviando la nefasta El libro de las sombras (2000).
Los sustos son a base de sobresaltar al espectador mediante apariciones repentinas de los personajes, subiendo el volumen y poco más. 
Consta de los cortes propios de este tipo de películas que simulan grabaciones caseras en condiciones extremas y un final, que, al menos, ha hecho que no salga con la sensación de haber perdido mi tiempo.
La película da justo lo que promete, si no se le pide mucho, no nos resultará aburrida. Su metraje es el justo y necesario y las escenas nocturnas bajo la lluvia, hacen que casi huelas la humedad de un bosque cerrado y brumoso.
Carece de ese inquietante preámbulo que poseía la primera, ya no hay nada nuevo que contar, en el que nos iban mostrando los lugares señalados por la maldición supuesta, antes de perderse en el bosque.

Última Claqueta

Uno puede imaginar que estar en mitad de un desierto puede desencadenar sensaciones de soledad tremendas. Pero encontrarse en mitad de un bosque cerrado, si alguno  de vosotros lo ha experimentado, con tan sólo el sonido de los pájaros, si es de día, y el crujir de hojas bajo tus pies al caminar, no se queda atrás.
Imaginad por un momento que nos perdemos en el bosque... ¿Cómo se orientaría uno ahí dentro, rodeado de árboles y sin poder ver más allá de unos metros?
A menos que contemos con conocimientos suficientes para orientarnos, lo tenemos claro.
Regla número uno: no adentrarse en un bosque solo y sin que nadie sepa la zona en la que vas a estar.
Regla número dos: procurar evitar bosques malditos por brujas cabreadas con la sociedad.

"¡¡Heather!!"

martes, 1 de noviembre de 2016

Desahucio final









Hoy, día uno de noviembre, Día de todos los Santos, he visitado el cementerio y la tumba  de familiares y amigos. Nunca he ido en este día y ello lo he notado en la cantidad de personas que circulaban por los pasillos que conforman las diferentes calles del cementerio. Frente a la soledad y el silencio que reina el resto del año, hoy ha sido todo lo contrario.
En numerosas tumbas, había una pegatina de aviso en la que se podía leer que la unidad de enterramiento había vencido y que los familiares interesados debían ponerse en contacto con la administración del lugar. Pero en otras muchas había una segunda pegatina en la que se daba a conocer un proximo "desahucio" del usuario del nicho en cuestión.
Durante mi largo paseo entre tumbas, buscando a unos y a otros, iba pensando en cuáles podrían ser lo motivos por los cuales uno puede dejar abandonada la tumba de un familiar, cuando en el 90% de  lápidas rezaba el mismo estribillo: "tu esposa/o, hijos y nietos no te olvidan".
"No te olvidan"....."Unidad vencida".

Pensé en cómo podía la gente olvidar a padres, madres y abuelos, principalmente y que sus restos sean retirados de esa morada que se supone la última, una vez más.
Abandono, falta de dinero para pagar un nuevo periodo de "alquiler" o  no hay nadie más en la línea de sucesión a quien interese.
Una y otra pueden ser, de hecho será, más que seguro, la causa. Pero queda una: el olvido.

Nadie de los que sucedieron a esas tumbas abandonadas los recuerda, se han olvidado de ellos, y esa es la muerte definitiva, cuando a una persona ya nadie la recuerda ni se sabe que existió, no se habla de su vida, ni se rememoran vivencias pasadas e incluso puede que no haya ni tan siquiera el recuerdo de una imágen.
Tenemos una memoria familiar muy corta que todo lo más puede llegar a nuestros bisabuelos, por norma general. Yo mismo, he conseguido conocer como mucho, el nombre de mis tatarabuelos y no de todos, por otro lado, de uno de ellos tan sólo existe en mi familia una fotografía. También esa es una tumba olvidada en un lejano pueblo del que un día salió mi familia, tumba que de existir, yo no sé cuál es.
Nos encontramos con un nuevo desahucio, otro más, un desahucio final justo cuando pensábamos que ya no nos alcanzarían las leyes de los hombres, aún pueden echarnos de nuestra última morada, hacia el olvido definitivo, la nada más absoluta.
Así que he llegado a la conclusión, antes de abandonar el lugar de descanso de los que he visitado, que hay varios tipos de muerte. Por un lado, la física, la más desastrosamente visible y la que nos hiere y nos arrebata esa parte de nuestro interior que jamás nadie podrá llenar de nuevo, luego, existe otra muerte que se va produciendo a lo largo de los años en los que se va olvidando a esa persona y cada vez se recuerda menos cosas sobre ella hasta que al fin, sucede la muerte definitiva que es el olvido, oscuro, silencioso y lúgubre como esas tumbas olvidadas en los rincones de cualquier cementerio...

lunes, 31 de octubre de 2016

31 de Octubre: Víspera de todos los Santos

 







En los últimos tiempos, más conocido como Halloween, la víspera de todos los santos no siempre se festejó como se hace hoy en día.
Mis mayores me contaban qué se hacía esa oscura noche lejana en el tiempo, en una España antígua y en blanco y negro, en la que, por estas fechas, se compraban castañas asadas y uno se reconfortaba con el calorcito que del cucurucho emanaba, no como hoy, que mientras escribo estas líneas, estoy en manga corta.
Así que
ya tenemos algo diferente a aquellos lejanos días de mis padres, mis abuelos: el tiempo.

La Víspera de todos los santos, se contaban historias de fantasmas, se escuchaban en la radio relatos de miedo, "el Tenorio", como decía mi abuela y se encendían unas velas de aceite que ella llamaba "palomillas" en memoria de los que se fueron antes que nosotros al más allá, al cielo, al infierno o a la nada, según la creencia de cada uno, válidas todas y respetables, por supuesto.
Es noche de cementerios, de nichos escondidos en las zonas más lúgubres y antíguas del mismo.
El año pasado, pude asistir a un evento que se celebró en el cementerio de mi ciudad, en la noche, un recital de versos, música, envueltos en la oscuridad, alumbrados por velas y rodeados de tumbas.
Al principio, me pareció una idea macabra, pero conforme el ambiente nos fue envolviendo, y me adentré en el sentido del acto, fuera de las típicas bromas que al entrar se van haciendo con los amigos, me di cuenta de la solemnidad del tema y de que allí, en la oscuridad, en el silencio, tan sólo roto por la voz de la persona que recitaba los versos, nos encontrábamos rodeados de la última morada, del descanso eterno, el fin de la vida, de familiares y amigos...

Que los niños se disfracen de vampiros, brujas, zombies y se hagan fiestas y uno se lo pase bien, usando como pretexto cualquier fecha, me parece estupendo. Como ya he dicho antes, todas las tradiciones son respetables, pero añado, inclusive las propias.

Yo mismo, los tiempos cambian, los medios también, suelo agarrar un par de pelis de miedo y ponerlas esa noche, pero procuro no olvidar mis raices, encender una vela por los que ya no están, por si acaso hay un más allá y desde allí, pueden ver esa pequeña luz que yo enciendo
Para sorpresa mía, he encontrado las anteriormente nombradas palomillas de aceite. No creo que las use, por pura comodidad de una vela, pero imagino, que mi abuela las usaba porque sería lo más barato para encender en aquellos tiempos de miseria que le tocó vivir. Una palomilla por cada difunto, yo encenderé una vela por todos los familiares que se adelantaron en el camino. Pero sigamos con el Halloween...

Si nos damos cuenta, en la noche de la Víspera de todos los Santos, en la de antes, qué habia... pues hemos dicho que había historias de miedo contadas de unos a otros, velas, palomillas, flores en las tumbas...
Pero falta algo, señores, algo muy propio de los vivos: la comida.
Mi abuela hacía gachas en estas fechas y arroz con leche, pero son famosos los huesos de santo, roscos de vino y pegarse un homenaje en familia, merendando o lo que sea y en definitiva, en recuerdo de los difuntos con actos muy de vivos.

Pues todo eso no mueve tanta pasta como los disfraces y las fiestas en los pubs adornados para la ocasión, dando de lado nuestro folklore para asimilar el de otro pueblo, asimilando, de nuevo, una fiesta orientada al consumo y para nada a la reflexión, por la vida y su inevitable destino.
La muerte tomada en tono de disfraz...¿para qué? ¿para que no te encuentre?¿Acaso piensas que si te disfrazas de muerto, ella no sabe que estás muy vivo y que vendrá a por tí en el día y hora señaladas?

La idea de la muerte nos aterroriza a todos y nuestra sociedad, en los últimos tiempos, frivoliza con ella, dándole de lado todo lo que puede a un destino ineludible para todo ser vivo.
En estos días de difuntos, de muertos, de familiares que marcharon, si perdemos ese contacto, ese recuerdo y hacemos un nuevo día para la compra de, admitámoslo, disfraces propios del carnaval, conseguiremos dos cosas:

*Que el tío de la tienda donde compramos todo sea más feliz.

*Frivolizar con la muerte y huír de la realidad puede hacer que crezca nuestro pánico al hecho de sólo pensar en ella.

Prefiero las leyendas de Becquer (la cruz del diablo, el miserere, el monte de las ánimas) que un carnaval de segunda fila. Que cada cual haga lo que quiera, pero prefiero celebrar mis tradiciones, aunque nade a contracorriente.
Feliz noche de halloween,víspera de difuntos o de lo que sea. Pasadlo bien con elección propia. 


"Felicitaciones para la noche del diablo"

Michael Wincott en El cuervo, 1993