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*Mr Brooks
jueves, 17 de agosto de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
Phantasm: Ravager
Director: David Hartman
Actores: Reggie Bannister, Angus Scrimm, A Michael Baldwin
Género: Terror
Duración: 101 min
Año: 2016
País: EEUU
Actores: Reggie Bannister, Angus Scrimm, A Michael Baldwin
Género: Terror
Duración: 101 min
Año: 2016
País: EEUU
Argumento
Reggie Bannister sobrevive como puede en un mundo donde la realidad ya no es lo que parece. El hombre alto se ha hecho con todo lo real, lo imaginario y más allá.
Reggie malvive en un asilo, donde su vida diaria se mezcla con ensoñaciones y saltos dimensionales, hasta tal punto que ya no sabe qué es real y qué no. Un ser demoníaco es el único nexo de unión entre todo, alguien que lleva persiguiéndolo durante décadas: el hombre alto....
Crítica
Lo que se pretende como un ejercicio de cierre de saga, dotado de cierta espectacularidad y añoranza por tiempos pasados, no se consigue, salvo en lo de la añoranza. La historia se cierra de mala manera, pues llegas a un punto en que no sabes si todo es real o no, si lo es un hilo u otro. Los efectos especiales, de saldo... entonces...¿Qué podemos decir en favor de esta parte de Phantasm?
Los que seáis, como yo, fieles seguidores de la saga desde sus comienzos, ya sabréis a lo que me refiero: su atmósfera tétrica de largos pasillos fantasmales de morgues olvidadas donde caminas despacio como en una pastosa pesadilla mientras las esferas te persiguen a velocidad ultra rápida...
A los que hayan visto las otras cuatro, esto ya no les vendrá grande, al contrario, les dejará un buyen sabor de boca, pues a pesar de los efectos especiales cortitos, se deja entrever el cariño con el que se ha hecho, que está hecha para los fans, como nosotros, dándonos lo que queremos, conviertiendo el mundo en una mezcla de Matrix y Terminator en la que se avanza a tiro limpio.
Ideal para nosotros, abstenerse exigentes del cine de terror tan estupendo de ese que cuelga de las carteleras de nuestras desventuradas pantallas de hoy en día.
Última claqueta
Muchas malas críticas ha cosechado esta película entre un notable grupo de seguidores de la saga. N
o las comparto.
Hace ya más de dos décadas que vi por primera vez Phantasm en el mítico programa de Antena 3, Noche de Lobos, sería por la edad o porque en aquellos días, yo comenzaba a entreabrir una puerta oscura, cuyos goznes herrumbrosos me darían paso a mundos imaginarios del más puro terror de los 80, pero aquella película me marcó a fuego, tanto que no pude dormir aquella noche... esa atmósfera oscura, la morgue, las esferas endiabladas cuyo origen era un misterio y, sobre todo, la presencia de El Hombre Alto...
Desde entonces, he seguido a Reggie, mi personaje preferido, junto al mencionado Hombre Alto, a través del tiempo, a saltos de una parte a otra de la saga, del mismo modo que los personajes deambulan por las dimensiones.
Imagino, que como todo buen fan que se precie, necesitaba una parte más, aunque su calidad fuera más que discutible. Afortunadamente, se ha hecho realidad a tiempo antes de que el Hombre Alto marchase para siempre a esa dimensión oscura de la muerte, pues el actor que le daba vida, Angus Scrimm, nos dejó poco después de acabar el rodaje.
Es una producción barata, de efectos más que discutibles, que rellena huecos con metraje de las anteriores partes y que tira de una tremenda nostalgia hacia los anteriores trabajos... pues por mí, perfecto.
No le exigí nada al iniciar el visionado, de tal modo, que me ha sorprendido para bien y, aunque ofrece una visión más centrada en el punto de vista de Reggie, en la que nos va entremezclando realidades alternativas, universos paralelos o multiversos, con paletadas de nostalgia, presentándonos a un Reggie ya anciano, metido en una residencia, esperando su fin... como un perturbado que ha sucumbido a una fantasía increíble o... realmente es todo cierto y el Hombre Alto es real y se ha apoderado del mundo, sus muertos campan a sus anchas por las ciudades y los enanos deformes lo siguen cuando aparece tras sus pasos en esos oscuros pasillos de aquella morgue de 1979...
Tú decides con qué realidad quedarte...
Recomendada para fans sin exigencias que se conformen con tener nada nuevo, pero sí todo el universo Phantasm. No os defraudará, no os aclarará nada nuevo, pero os agradará y quién sabe... puede que incluso os haga un nudo en la garganta...
Gracias, Angus Scrimm, por darnos uno de los personajes más siniestros, enigmáticos y terroríficos del cine...
"Chicoooooo..."
jueves, 20 de julio de 2017
El bosque del Lobo
Director: Pedro Olea
Actores: José Luis López Vázquez, Alfredo Mayo, Amparo Soler Leal, Antonio Casas
Género: Drama
Duración: 87 min
Año: 1970
País: España
Actores: José Luis López Vázquez, Alfredo Mayo, Amparo Soler Leal, Antonio Casas
Género: Drama
Duración: 87 min
Año: 1970
País: España
Argumento
Benito Freire es un buhonero que recorre los caminos boscosos que van de un pueblo a otro de una Galicia de mediados del siglo XIX.
Benito es solitario, educado aunque tosco, pero guarda un secreto terrible... Acarrea consigo lo que se llamaba un "aojamiento", una maldición.
En sus idas y venidas de un pueblo a otro, acarreando telas, estampas de santos, velas y escapularios de la gran ciudad, hacia las zonas rurales, en algunas ocasiones, acompaña a crédulas mujeres en el trayecto del mismo que desean mejorar su vida y probar fortuna en casas de ricos terratenientes en otros lugares. Pero, a mitad del camino, algo transforma al apacible y piadoso buhonero en una bestia que asesina sin piedad a quien ose caminar a su lado por los recónditos rincones de los bosques gallegos, envuelta su maldad por su apariencia afable, por la lluvia y la bruma del bosque, donde nadie puede escuchar los gritos de las infortunadas...
Crítica
Hacía muchos años que la vi, tantos, que tan sólo recordaba una escena de uno de los asesinatos, por lo tanto, he vuelto a visionar esta pieza que, sinceramente, me ha sorprendido mucho y para bien.
Quiero aclarar, que no es una película en la que traten el tema de la licantropía desde el punto de vista fantástico, más bien al contrario, lo enfocan desde el lado racional, el de la superstición de una España profunda, temerosa de Dios y del Diablo, con mayúsculas ambos, pues la fe es tan fuerte como el miedo al maligno.
Que nadie espere transformaciones de ningún tipo más allá de las gesticulaciones de José Luis lópez Vázquez, ni efectos especiales, ni tan siquiera una sola gota de sangre, pero su atmósfera te atrapa,te va enganchando y encerrando poco a poco en esos caminos flanqueados por frondosa vegetación, cómplice muda de las maldades de Benito, te resulta serena en unos momentos, la soledad del personaje, cuando despierta en medio del bosque y sabe qué camino tomar, con las estrellas por techo y la niebla por compañera de almohada.
Sensacional López Vázquez en un papel dramático que demuestra para el que no lo sepa, si es que aún queda alguno, que era un actor total, de primera fila, capaz de hacerte sentir lástima por él o repulsión, según vas descubriendo la podredumbre interior del personaje, que miente, roba y hace lo que haga falta por no ser descubierto en su maldad, maldad de la que en ocasiones recela y sufre por ella,víctima de la locura o de la sinrazón de la incultura.
Paisajes gallegos cerrados, pueblos casi trogloditas, personajes sucios y bajos y sobretodo, la muestra de una España decimonónica rural retratada como un fresco, ayuda, sobremanera, el estar introducida por esa voz en off que al principio y al final de la película, nos la abre y cierra la historia con el soniquete habitual de un trovador, así como la forma de hablar de los personajes que, sin hacerlo en verso, te transportan con su lenguaje propio del tiempo y la zona a ese mediados del siglo XIX
Sin duda, una pieza a recuperar por los cinéfilos del cine de calidad. abstenerse palomiteros que quieran historias de hombres lobo en vena... aquí no hay hombres lobo, hay lobishomne, aojados, meigas, santa compaña, superstición...
Última claqueta
La historia cuenta un hecho real muy bien documentado que ocurrió en la Galicia de mediados del siglo XIX, concretamente, los crímenes cometidos por Manuel Blanco Romasanta, el primer asesino en serie español contra el que se realizó un proceso por licantropía... así... como suena.
Romasanta haciendo uso del perfil de hombre piadoso y católico donde los haya, asesinó, según se cuenta a numerosas mujeres.
Cuando fue detenido, casi por casualidad, confesó los crímenes de los que era acusado y doce más, así como que en sus correrías era acompañado por otros dos hombres lobo, como él, que eran víctimas de maldiciones por las cuales, se transformaban el lobos y, perdiendo todo control sobre sí mismos, asesinaban y deboraban, unas veces juntos, otras por separado, a cuantos desdichados se cruzaban en su camino.
Romasanta basó su defensa en que era un lobishomne, dando detalles de los asesinatos e incluso llevando a la justicia a los lugares en los que los cometió, encontrándose restos humanos en ellos.
Fue condenado a morir en garrote, pero la sentencia no fue llevada a término, pues una orden superior, detuvo el proceso y conmutó la pena capital en cadena perpétua.
Se tiene constancia de que Manuel Blanco Romasanta, ingresó el prisión, pero... no costa que saliera de ella ni vivo ni muerto, ningún traslado... nada...
Su leyenda aún es susurrada por el viento entre los árboles del bosque, al acecho de cualquiera que ose adentrarse en los dominos del hombre lobo español.
A muy groso modo, os he contado la historia real y, os aseguro que a poco que investigueis por la red, podreis comprobar que la realidad super a la ficción con creces, pues el caso está muy documentado.
¿Creía Romasanta que era un lobo o fue una estratagema que inventó para que lo tomaran por enfermo mental y poder librarse de la sentencia que sabía le aguardaba?
De un modo u otro, no murió en garrote...
"Benito Freire...mal te veo, buhonero... que no te cuidas como debe hacerlo todo nacido... y más tú, que fuiste aojado cuando rapaz..."
domingo, 16 de julio de 2017
The End: George A. Romero
Se ha ido uno de mis directores preferidos... de los que realmente me hacía pasar miedo, primero, frente al televisor, cuando casi a escondidas, dejaba la tranquilidad de mi dormitorio para acudir a la llamada, como los zombis acuden a los vivos, de aquellos viejos espacios tales como Alucine, en la 2, o Noche de Lobos de Antena 3, posteriormente, en la gran pantalla.
Un hombre, a mi entender, que sabía hacer con pocos medios, grandes películas cargadas de trasfondo y dobles lecturas.
Sólo se me ocurre una manera de homenajear a mi querido George A. Romero... y es elaborando un especial sobre su cine,que irá directo a la sección de Monográficos, repasando su saga más conocida.
Gracias, amigo George, gracias por tanto terror del bueno... Descansa en paz...
Un hombre, a mi entender, que sabía hacer con pocos medios, grandes películas cargadas de trasfondo y dobles lecturas.
Sólo se me ocurre una manera de homenajear a mi querido George A. Romero... y es elaborando un especial sobre su cine,que irá directo a la sección de Monográficos, repasando su saga más conocida.
Gracias, amigo George, gracias por tanto terror del bueno... Descansa en paz...
lunes, 12 de junio de 2017
Caballero...
Que a uno lo traten de usted, no tiene nada malo, a mí, personalmente,me es indiferente.
Pero pensad un instante, recordad aquella vez en que alguien os llamó "caballero" y no os sentó bien...¿por qué?
Llamar a alguien "caballero" es una manera muy formal de tratar a una persona, incluso, a mi modo de ver, por encima de la palabra "señor".
En mi deambular por los diferentes comercios de mi país, lugares en los que dicha palabra se ha convertido en algo así como una especie de mantra que se repite sin cesar por todos los dependientes, me han llamado caballero muchas veces y en varias de esas ocasiones... no me ha gustado. ¿Por qué?
Os contaré el último caso:
Entré a un centro comercial que tiene un gimnasio en su interior, cuyo horario es radicalmente diferente al resto de comercios, que ya habían cerrado. Cabe destacar que accedí a dicho centro comercial por la puerta exterior que pegaba a unos cincuenta metros de la entrada del gimnasio, cuando desde lejos, escuché una voz aspera que me gritó:
-¡¡CABALLERO!! AQUÍ NO SE PUEDE ESTAR YA ¿EH?
Era el portero que se dirigía hacia mí con paso firme y decidido... cuando me quise dar cuenta, ya le había respondido con la misma intensidad y tono que él utilizó conmigo:
- ¿CÓMO DICE, CABALLERO?
Sé lo que le hizo recapacitar... el tono que puse al decir esa palabra mágica, que bien usada, sirve para irritar al contrario sin que se pueda defender, porque en el colmo del cinismo, podemos decir que estamos siendo educados...¡¡MENTIRA!!
Lo que me irritó fue el tono de desprecio al llamarme "caballero", de tal forma, que una palabra formal pierde su sentido para transformarse en una especie de insulto encubierto, o algo así.
Si en aquella frase sustituyo "Caballero" por "Tú, gilipollas. Aquí no se puede estar ya ¿Eh?", hubiera sonado igual.
Desde entonces, he observado mucho los diferentes "caballero" que han usado para dirigirse a mí y he llegado a la misma conclusión: no es la palabra, sino la entonación lo que me indica cuándo ese "caballero" es real y cuando es en tono de reporche, desprecio o vaya usted a saber...
Decidí volver a probar y repartir ese brebaje... lo cierto es que no tuve que esperar mucho.
En una fila única de un supermercado de ámbito nacional, no diré el nombre, por supuesto, la cajera, de no más de 24 ó 25 años, al ver que yo estaba distraído leyendo los titulares de prensa que se encontraban a mi lado, requirió mi atención con ese tono del que ya hemos hablado:
- ¡Caballero! Pase por aquí...
Pasó los pocos artículos que llevaba por caja y me dijo el total a abonar, momento en el que le pedí una bolsa con el tono más amable que pude usar:
- Señora, por favor, ¿Podría darme una bolsa?
Creo que si la hubiera insultado abiertamente, no le habría sentado peor. Me miró de arriba abajo y me dio la bolsa (añadido el precio de la misma a mi cuenta, por supuesto) arrojándola con desgana sobre el mostrador, con clara ira contenida en su mirada...
Introduje los artículos en la misma y, para agradecerle el gesto de "amabilidad" al proporcionarme dicha bolsa, me despedí de ella lo más amablemente que supe:
- Gracias, señora, es usted muy amable...
Así que, sin duda, esa falsa formalidad que hoy en día recorre esas cortas pero intensas conversaciones entre clientes y dependientes de los comercios, es la culpable de que os siente mal cuando os llaman "caballero" o "señora".
Os mostraré lo mismo pero a la inversa.
Recordad esa conversación entre colegas, compañeros de trabajo en tono distendido y que además nos caen estupendamente, en que se nos dice cualquier taco, poned el que queráis, cuando acabamos de soltar una burrada de campeonato.
"... pero que cabrón eres" por ejemplo.
No sólo no nos sienta mal, sino que además, refuerza el grado de complicidad entre esa persona y tú.
De nuevo la entonación marca la diferencia.
"Disculpen que les llame caballeros, pero aún no les conozco bien"
Groucho Marx
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