domingo, 16 de julio de 2017

The End: George A. Romero

Se ha ido uno de mis directores preferidos... de los que realmente me hacía pasar miedo, primero, frente al televisor, cuando casi a escondidas, dejaba la tranquilidad de mi dormitorio para acudir a la llamada, como los zombis acuden a los vivos, de aquellos viejos espacios tales como Alucine, en la 2, o Noche de Lobos de Antena 3, posteriormente, en la gran pantalla.
Un hombre, a mi entender, que sabía hacer con pocos medios, grandes películas cargadas de trasfondo y dobles lecturas.
Sólo se me ocurre una manera de homenajear a mi querido George A. Romero... y es elaborando un especial sobre su cine,que irá directo a la sección de Monográficos, repasando su saga más conocida.
Gracias, amigo George, gracias por tanto terror del bueno... Descansa en paz...

lunes, 12 de junio de 2017

Caballero...



Que a uno lo traten de usted, no tiene nada malo, a mí, personalmente,me es indiferente.
Pero pensad un instante, recordad aquella vez en que alguien os llamó "caballero" y no os sentó bien...¿por qué?
Llamar a alguien "caballero" es una manera muy formal de tratar a una persona, incluso, a mi modo de ver, por encima de la palabra "señor". 
En mi deambular por los diferentes comercios de mi país, lugares en los que dicha palabra se ha convertido en algo así como una especie de mantra que se repite sin cesar por todos los dependientes, me han llamado caballero muchas veces y en varias de esas ocasiones... no me ha gustado. ¿Por qué?
Os contaré el último caso:

Entré a un centro comercial que tiene un gimnasio en su interior, cuyo horario es radicalmente diferente al resto de comercios, que ya habían cerrado. Cabe destacar que accedí a dicho centro comercial por la puerta exterior que pegaba a unos cincuenta metros de la entrada del gimnasio, cuando desde lejos, escuché una voz aspera que me gritó:

-¡¡CABALLERO!! AQUÍ NO SE PUEDE ESTAR YA ¿EH?

Era el portero que se dirigía hacia mí con paso firme y decidido... cuando me quise dar cuenta, ya le había respondido  con la misma intensidad y tono que él utilizó conmigo:

- ¿CÓMO DICE, CABALLERO?

Sé lo que le hizo recapacitar... el tono que puse al decir esa palabra mágica, que bien usada, sirve para irritar al contrario sin que se pueda defender, porque en el colmo del cinismo, podemos decir que estamos siendo educados...¡¡MENTIRA!!

Lo que me irritó fue el tono de desprecio al llamarme "caballero", de tal forma, que una palabra formal pierde su sentido para transformarse en una especie de insulto encubierto, o algo así.
Si en aquella frase sustituyo "Caballero" por "Tú, gilipollas. Aquí no se puede estar ya ¿Eh?", hubiera sonado igual.
Desde entonces, he observado mucho los diferentes "caballero" que han usado para dirigirse a mí y he llegado a la misma conclusión: no es la palabra, sino la entonación lo que me indica cuándo ese "caballero" es real y cuando es en tono de reporche, desprecio o vaya usted a saber...

Decidí volver a probar y repartir ese brebaje...  lo cierto es que no tuve que esperar mucho.

En una fila única de un supermercado de ámbito nacional, no diré el nombre, por supuesto, la cajera, de no más de 24 ó 25 años, al ver que yo estaba distraído leyendo los titulares de prensa que se encontraban a mi lado, requirió mi atención con ese tono del que ya hemos hablado:

- ¡Caballero! Pase por aquí...

Pasó los pocos artículos que llevaba por caja y me dijo el total a abonar, momento en el que le pedí una bolsa con el tono más amable que pude usar:

- Señora, por favor, ¿Podría darme una bolsa?

Creo que si la hubiera insultado abiertamente, no le habría sentado peor. Me miró de arriba abajo y me dio la bolsa (añadido el precio de la misma a mi cuenta, por supuesto) arrojándola con desgana sobre el mostrador, con clara ira contenida en su mirada...
Introduje los artículos en la misma y, para agradecerle el gesto de "amabilidad" al proporcionarme dicha bolsa, me despedí de ella lo más amablemente que supe:

- Gracias, señora, es usted muy amable...
 

Así que, sin duda, esa falsa formalidad que hoy en día recorre esas cortas pero intensas conversaciones entre clientes y dependientes de los comercios, es la culpable de que os siente mal cuando os llaman "caballero" o "señora".

Os mostraré lo mismo pero a la inversa.

Recordad esa conversación entre colegas, compañeros de trabajo en tono distendido y que además nos caen estupendamente, en que se nos dice cualquier taco, poned el que queráis, cuando acabamos de soltar una burrada de campeonato.
"... pero que cabrón eres" por ejemplo.

No sólo no nos sienta mal, sino que además, refuerza el grado de complicidad entre esa persona y tú.
De nuevo la entonación marca la diferencia.


"Disculpen que les llame caballeros, pero aún no les conozco bien"
Groucho Marx 


miércoles, 24 de mayo de 2017

The End: Roger Moore

Entre 1973 y 1985, Roger Moore interpretó siete películas de nuestro querido 007.
Ayer nos dejó uno de los galanes del cine a los 89 años quien también será recordado por El Santo y Los Persuasores.
Descansa en paz 007...

martes, 9 de mayo de 2017

VIEJOS CACHARROS: XI CONCENTRACIÓN SEAT 600 DE CÓRDOBA 2017





















Los vehículos clásicos están de moda, una moda a la que series como Cuentame, han ayudado a fomentar en los últimos tiempos.
Lo que hoy es algo curioso para unos, esas máquinas de una época lejana en la que la gasolina era normal o súper, para otros es pura pasión.
Pero ¿cómo explicar lo que sentimos por esos viejos cacharros?
Son más incómodos, lentos y ruidosos que los de hoy, y sin embargo, estoy por apostar que a muchos de los que poseen un clásico, le dan a elegir entre su vehículo de diario o su verdadero coche, porque no lo dudemos, el clásico es el verdadero coche de los que sienten esa pasión, y se quedan con el clásico.
Intentaré daros mi explicación, luego cada cual, tendrá la propia, pero aquí tenéis la mía...

Los coches de hoy, me refiero a los que vemos por las carreteras y calles de nuestra ciudad, no a coches de súper lujo o mega deportivos, se me antojan iguales en sus formas. Claro es, que ello atiende a factores a los que hoy en día es imposible renunciar, como el coeficiente de penetración o la seguridad, por supuesto, con las ventajas que todos sabemos. Los clásicos populares, término más correcto para denominar a esos viejos vehículos que nos transportaban en nuestra niñez y juventud, gozan de formas únicas según modelo, incluso dentro de la misma marca, lo cual, les confiere una personalidad propia y, como decía Samuel L. Jackson en Pulp Fiction: "La personalidad cuenta".

Otro factor que me resulta atractivo de aquellos cacharros es el sonido de su motor.
De niño, cuando volvía del colegio con un compañero de clase que vivía por mi misma calle, a veces jugábamos a adivinar qué coche era el que se acercaba por detrás de nosotros (lógicamente, íbamos por la acera). A los que no están familiarizados con este mundillo, os puedo asegurar que no era lo mismo escuchar el sonido del motor de un 2CV que de un 850. Mención a parte, el rugir de aquellas bestias como era el Seat 1430, te hacía subir la adrenalina a la misma velocidad que las revoluciones del motor.

Otro aspecto...el olor de cada coche. Los Seat olían a Seat, los Renault tenían su aroma propio, cuando entrabas al habitáculo.

Y para finalizar este pequeño repaso, un aspecto que hoy en día nos cuesta bien el dinero: cualquiera podía cambiarle una bombilla fundida a un coche sin tener que desmontar medio vehículo. estaban hechos no sólo para durar, también para que se le pudieran hacer labores de mantenimiento sencillas con unos conocimientos básicos del automóvil. 
Levantabas el capó de uno de ellos y podías distinguir el carburador, la bomba de agua, incluso la botella del limpia parabrisas. Hoy levanto el capó de un coche y en qué me veo de distiguir el tapón de llenado de aceite...

De aquella época, perviven muchos modelos cuyos dueños, algunos, forman parte de algún club de clásicos y realizan concentraciones en las que muestran con orgullo sus máquinas del tiempo, tan impolutas como cada cual se pueda permitir.
He acudido a varias concentraciones y no os puedo describir con palabras la sensación que sentimos los que compartimos esta afición, pero sí os puedo resumir en una sola palabra la expresión de los que por curiosidad, se acercan a los vehículos: asombro.
Un asombro que en ocasiones encierra nostalgia y lejanos recuerdos de juventud, de niñez y comienzan las anécdotas de aquellas vacaciones por una España ya de color sepia, por el tiempo.
Poseer un coche de estas características es tener un trozo de la historia de la automoción de tu país y de tu historia propia hecha tangible, de recuerdos materializados.

Los clubs de clásicos mantienen viva esta afición y en sus concentraciones, además de lucir sus coches, muestran la riqueza cultural de su ciudad o pueblo.

El Club del Seat 600 de Córdoba organiza la que sería su XI concentración, en un año en que se celebra no sólo el 60 aniversario del Seat 600, sino también, el 20 aniversario de dicho club.
Allí nos reuniremos los días 3 y 4 de junio del presente año, y el corazón de nuestros queridos seillas rugirá de nuevo para deleite del que desee acercarse aunque sólo sea para pasar el rato. 

Para finalizar, os contaré una anécdota del Seat 600, pero no penséis que es una batallita de vacaciones, o de aquel viaje perdido en el tiempo... No... Es una historia de hoy en día, actual...
Me ha pasado en varias ocasiones...

Cuando voy con mi Seat 600, es normal que al detenerme en un semáforo en rojo, las personas de más edad miren al coche y hagan comentarios esbozando una sonrisa, hasta ahí, normal...
Pero cuando el que se queda embobado es un niño de corta edad, que no sabe lo que es un 600 ni se lo han podido explicar y le dice a su madre: "mamá... mira que cochecito"... esto te hace pensar...
Que tal vez no estemos tan locos en nuestro delirio por estas cacharros, que realmente tienen algo, podemos llamarle magia, personalidad, lo que queramos... Son capaces de llamar la atención para alguien que ni los conoció ni siente nostalgia de épocas pasadas.
Tal vez el Seat 600 tenga algo especial, atemporal, mágico...
Para mí y los que piensan como yo, sin duda, lo tiene.

Finalizo este artículo, recomendando unas películas en las que se puede disfrutar de carreras de este tipo de vehículos de los 60 y sobre todo, de los 70, como son las de la saga de "Perros callejeros". Los que no hayan escuchado nunca cómo ruge un Seat 1430... ya estáis tardando...

Si alguien está interesado en la XI CONCENTRACIÖN DEL SEAT 600 DE CÖRDOBA, aquí os dejo el enlace a la página del club:



Saludos a todos los amantes de los clásicos populares y en especial, a los de mi querido SEAT 600

viernes, 28 de abril de 2017

Hasta mañana

Esa amante caprichosa que te seduce cuando menos lo esperas y sucumbes a sus encantos sin pensarlo.
Cuando te abraza, sientes como su tremenda fuerza recorre todo tu cuerpo, toda tu mente, todo tu yo.
Nada hay como tener algo que contar y saber escoger cada palabra según tus capacidades, quedar satisfecho, medianamente, en la primera lectura, saber que puedes perfilar, pulir como un diamante, lo que has escrito...
Te acompaña a diario, sin que notes su presencia. Como un fantasma que sólo tú puedes ver, camina a tu lado, susurrando historias muy cerca de ti, tan cerca que nadie más puede escucharlas, te aconsejo que tomes nota de todo lo que te vaya diciendo, porque si no la escuchas, puede que cuando intentes recordar lo que te dijo... todo se haya esfumado.
Nada la detiene, salvo ella misma. Se alimenta de tu imaginación, entorno, vivencias, de todo tu "yo" y te devuelve una dádiva que brilla como el Sol: satisfacción.
Cuando está de tu parte y la complicidad entre ambos es total, las letras, notas, pinceladas surgen a borbotones... Es como correr al lado de alguien a toda velocidad sin que ninguno de los dos se canse... quieres más... sabes que puedes correr más...
Nada hay como ver una obra terminada...¿o sí?... Mejor que ver una obra terminada es sentir tras de ti, ese soplo de viento imperceptible, inapreciable casi, el susurro que de ininteligible, al principio, se torna más y más tangible, tomando volumen, consistencia, hasta que llega el momento de comenzar una nueva historia... y es en ese justo instante en el que sabes que ella aún está a tu lado... sí... no te abandonó... sólo necesitaba dormir unas cuantas lunas en esos "brazos del dragón" que el mago Merlin nombraba en Excalibur.
Sabes que puedes hacerlo, aunque todo sea confuso, te vuelca de repente lo que quiere, eres tú quien debe ordenarlo y darle forma, ella es muy impulsiva y no tiene paciencia, debes calmarla, dosificar su energía, no te escuchará, pedirá más tiempo, un poco más, aunque sea tarde, aunque mañana madrugues, pero sabes que si la abandonas un instante, puede que mañana, cuando estés sentado esperando su llegada a la hora de siempre, no haga acto de presencia... Como sabes eso, continúas, hasta saciar su sed, hasta acabar su cáliz...
Se marcha al término de esos mágicos momentos. Su dulce "hasta mañana", que tú relacionas con el día siguiente, pero ella no, ella no entiende de tiempos ni de relojes, ni jornadas, para ella "mañana" puede ser dentro de diez años... Tú los habrás envejecido, pero ella no, seguirá intacta, perfecta, como sólo tú sabes que la puedes ver, y volverá con el mismo ansia de tiempo, de correr, de contarte, y deberás volver a frenar su ímpetu...

Pero...¿Estamos a merced de su capricho? ¿Sólo la tendremos cerca cuando ella desee estar a nuestro lado?
Es cierto que es tozuda como sólo ella puede serlo, cabezota como la mejor tauro, tienes que hacer lo que ella quiere, cómo y cuando quiere, no te deja elección, y será cuando ella diga y no antes y se hablará de lo que ella quiera y a ti, te encantará.  Por eso, debes prestarle toda tu atención. Da lo mismo que sea una historia contada ya mil veces o mil veces escrita, eso no importa, será tu historia, contada por ti, sólo tú puedes contarla como tú la contarías, olvidalo... debes darle tu enfoque, único en el mundo entero, tu estilo, y trátala como si escribieras de ello por primera vez, como si a nadie se le hubiese ocurrido una historia así, de esa manera, contarás lo que otros contaron, pero con tu sello personal. Si tú no la escribes de la manera en que tú la escribirías... nadie lo hará...
Entonces... cuando se aleja y pasan los días y la esperas, noche tras noche, sentado frente a la ventana de la pantalla del ordenador, donde la viste por última vez alejarse mientras te decía su "hasta mañana", ¿no podemos hacer nada salvo esperar a su caprichoso retorno?

Se puede hacer algo: seducirla... atraerla hacia ti con esa llamada que sabes que escuchará por muy lejos que se encuentre, por muy profundo que haya sido su sueño, no debes suplicarle, no, debes hacer que de nuevo vuelva sus ojos hacia ti y corra a tu lado...

Pero no creas que te dará esa historia que esta vez esperas escribir, ese cuadro que pintar, esa canción que componer... no... será la historia que ella quiera, la pintura que desee pintar o la canción que  ansíe crear, debes dejarte llevar por su fresca corriente de cristalinas aguas y observar...
Cada cual sabe cómo hacer que vuelva, esa seducción que la atraiga, en mi caso, con música, la música adecuada a lo que quieres hacer, y cuando aparezca, dejar que ella lleve el paso de baile, a su ritmo, si te da un pisotón, disimula, sigue bailando, no pares, hasta que sea ella la que diga "adiós", sabrás que ese momento ha llegado, cuando el baile se detiene, sin más, se apaga la música, aunque tengas los auriculares a todo trapo, ya no los escucha, ha decidido marcharse de tu lado y  nada  hace que vuelva la vista atrás, una vez te ha dicho "hasta mañana"...



Nota: Empecé esta entrada sin saber que escribir, quería escribir sobre algo, pero no sabía sobre qué. Inmerso en ese lago oscuro de negras aguas de cerrazón mínimamente creativa, decidí escuchar la banda sonora de Dragon Heart, 1996, de Randy Edelman. Y ella acudió a mi llamada...